
El trono de huesos de dragón tenía el aspecto de un extraño altar, rodeado de brillantes y volátiles motas de polvo y franqueado por las estatuas de los sei s Reyes Supremos de Hayholt. Los huesos de dragón con los que se había construido eran tan grandes y estaban tan pulidos que relucían pálidamente como piedras bruñidas. El respaldo del trono estaba formado por siete amarillentas costillas, y, suspendido del respaldo del gran trono, colgaba el cráneo y las mandíbulas del dragón Shurakai. Las cuencas de los ojos eran oscuras ventanas rotas y los curvilíneos dientes eran tan grandes como la mano de un hombre. El cráneo del dragón tenía el color de los pergaminos viejos y se apreciaban múltiples hendeduras, pero en él había algo vivo…, algo terrible y maravillosamente vivo. Este primer volumen de la trilogía Añoranzas y Pesares recuerda irremediablemente a Tolkien, pues muchas situaciones guardan cierto paralelismo con El Señor de los Anillos. La historia comienza cuando una gran guerr