
En la célebre carretera de los Cráneos hay que resignarse a un viaje plagado de baches…—Dios mío, ¿qué pasa? —gritó Sammil Mc9 al despertarse.La carreta que les había recogido a él y a su compañero se tambaleaba de forma violenta.Mc9 apoyó sus mugrientas manos en la placa de madera podrida que formaba uno de los laterales de la carreta. Observó la legendaria carretera por encima del hombro, preguntándose por qué el traqueteo de la carreta, hasta entonces únicamente incómodo, se había convertido en una sucesión de brincos incontrolables. Esperaba descubrir que habían perdido una rueda, o que la carreta se había salido de la carretera para adentrarse en una zona rocosa…, pero se dio cuenta de que era algo totalmente distinto. Durante un momento escrutó la superficie de la carretera con los ojos desorbitados y, a continuación, volvió a dejarse caer en el interior de la carreta.—¡Vaya! —se dijo a sí mismo—, no sabía que los enemigos del imperio tuvieran la cabeza de semeja