
De chiquito, a Martín Estévez le enseñaron a decir la verdad y se lo tomó demasiado en serio: ahora anda ventilando sus intimidades (¡y las de las personas que lo rodean!) en libros, blogs, redes sociales y lo que sea. Además tiene una enfermiza obsesión con la cronología, por lo tanto ventila todo en estricto orden temporal. Por eso estas historias empiezan con su primer recuerdo. El problema es que su primer recuerdo...